LA COMBINACION IMPERFECTA

Recuerdo que allá por el año 99 cuando cursaba el primer año de mi carrera universitaria, una profesora nos pidió el día de su presentación que le pasáramos en un papel nuestros correos electrónicos ya que por ese medio digital nos enviaría el silabo del curso, el cronograma de exámenes, los trabajos a realizar, separatas, es decir ese seria nuestro medio de comunicación durante todo el ciclo.

Cuando el papel llego a mis manos sentí la imperiosa necesidad de inventarme un correo que sea original y nadie más en el planeta lo tenga, para que así no me rebote luego cuando vaya a la cabina a crearlo. Por ese entonces el acceso al internet era un privilegio del cual gozaban muy pocos, los estudiantes comunes y corrientes como yo teníamos que ir a una cabina de internet para poder hacer nuestros trabajos.

Ya en casa llame a mi primo Victorio que estudiaba sistemas en san marcos, ya que tenía más conocimiento del manejo de internet, de la creación de los correos, de los chats y sobre como descargar música a la “pc”. Cuando le pregunte si me podía ayudar accedió sin objeciones. Vino a mi casa después de sus clases, carca a las 6 de la tarde y nos fuimos a la cabina del barrio.

Mientras yo creaba el correo para mi curso, Victorio se puso a chatear hasta en dos páginas distintas. Se le abrían varias ventanas y sonreía mientras escribía. Lo vi tan entretenido que me causo curiosidad ese modo de interactuar con otras personas así es que le pedí a mi primo que me enseñara como hacerlo.

La combinacion imperfecta
La combinacion imperfecta

Victorio sí que era todo un experto en la materia. Rápidamente entendí lo que me explico y decidí ponerlo en práctica en ese momento. En cuestión de minutos ya tenía a tres chicas conversando conmigo al mismo tiempo. Era un poco confuso al inicio pero con el transcurrir de los minutos le agarre el truco.

A una de mis cyber amigas, la más conversadora por así decirlo, le saque su teléfono y la llame llegando a casa. Conversamos por horas de temas irrelevantes y hasta aburridos diría yo. Cuando ya estaba con la oreja caliente de tanto tener la bocina en ella, le dije a Claudia – así se llamaba – para salir y accedió sin pensarlo dos veces.

Me dijo que podíamos vernos cuando ella saliera de clases. Le pregunte en donde y que estudiaba. Me dijo que estudiaba “Farmacia” en un instituto en el cruce de las avenidas Wilson y Bolivia en el centro de la ciudad. La zona la conocía bastante bien, ya que mi facultad estaba a pocas cuadras de allí, pero no ubicaba institutos por ese lugar.

Acordamos encontrarnos a las 11 de la mañana. Justo tenía un hueco en mi horario a esa hora. Me dijo que la reconocería por que iría con pantalón negro y blusa marrón. En primera la combinación de colores me parecía bastante sobria por decirlo menos. Sin embargo le di el beneficio de la duda y confié en su buen gusto. Yo le dije que usaba lentes y que me reconocería por que tendría colgado una credencial con mi nombre en el cuello.

Le pedí a mi amigo “chichi” que me acompañara a mi cita. Me chantajeo con un desayuno y se lo tuve que dar. Mi amigo también usaba lentes y le pedí que se colgara la credencial que le dije a Claudia que tendría puesto. Mientras “chichi” se comía su tercer pan con torreja, vi pasar frente a mi como a 5 chicas con la combinación marrón – negro, pero ninguna era finalmente la que esperaba.

Cuando ya estaba por tirar la toalla y le decía a “chichi” para irnos a clases, se apareció por atrás la cosa más espantosa que hubiera visto a mis cortos 18 años. Claudia no solo era poco agraciada sino que además combinaba bastante mal los colores de su vestimenta, tanto así que hasta mi madre de 50 años tiene más tino para vestirse.

Me vio y al notar mi reacción de sorpresa me pregunto: “Marko?” Asustado le dije señalando a mi amigo “El es Marko”. Cuando dije eso “chichi” no entendía lo que pasaba y me miro con cara de asombro, pero cuando entendió que la chica monstruosa buscaba a “Marko” y al ver sus intenciones de delatarme no me quedo otra que correr. Si, me fui corriendo desde Wilson con Bolivia hasta mi facultad. Entre corriendo por el portón de Colmena sin mirar atrás.

Esa tarde el teléfono de mi casa no paro de timbrar. Era Claudia quien seguro llamaba para pedirme explicación por mi inesperada reacción. No le conteste. Le di indicaciones a mi madre para que dijera que no estaba en caso llame una tal “Claudia”. Cerca a las 10 de la noche estaba en mi cuarto ya casi a punto de desmayarme del cansancio cuando mi madre me dice: “Hijo te llama un tal Jorge”…ah el chichi dije yo.

Cuando conteste era ella. Claudia escucho mi voz y empezó la ola de reclamos. Me grito, me insulto, me amenazo, me maldijo, entre otras tantas reacciones. Finalmente pregunto: “¿Por qué hiciste eso Marko?” Mi respuesta fue contundente: “Por qué NO TE SABES VESTIR”. Entonces colgó y nunca supe más de ella.

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